Morón de la Frontera

Morón de la Frontera, con el paso del tiempo parece volver a recoger la capitalidad de la Sierra Sur sevillana, por la pujanza y laboriosidad con que la ciudad empatiza y al amparo del marco estratégico de las instalaciones civiles y militares que está acogiendo en su seno, y todo ello adornado por el decorado que se alza en sus alrededores de viejos olivos y encinas, que miran a las últimas estribaciones de la Serranía de Ronda.

Quienes queremos a Morón, lo hacemos sin darle importancia; con serlo, tenemos bastante; somos más modestos y menos chovinistas con lo nuestro, que en otros pueblos; el patrimonio lo llevamos en la sangre y en el alma. A veces, no es menos cierto, que se estremece uno con el orgullo de ser moronense, a pesar de la avidez con que nos asomamos a nuestros defectos. Quizás, en otros lugares del ancho solar de la Península, se ensalzan más, por la rivalidad de la cuna que les vio nacer. En cambio, el moronense acepta a Morón como es, con su mezcla de aplauso corto y de sordidez, de virtudes y de indiferencia; pero al final, sabemos dejar las cosas en su sitio, porque el continente y el contenido de lo bueno y lo malo, se equilibran.

Nuestra tierra está asentada en una desigual llanura de campos bien cultivados, a la sombra de la Sierra de Espartero, que le proporciona un fulgor blanco de buena cal. De sus entrañas nace un viejo Castillo, con añadidos árabes y cristianos, que a modo de centinela -desafiando las injurias del tiempo- atesora sus viejas piedras, mirando a la esbelta iglesia de San Miguel, que representa el incunable arquitectónico más precioso del patrimonio local. A su orilla, un pueblo que sueña, y un mudo testigo Gallo, que lo eterniza:

Gallo mil veces recordado.
Leyenda de un pueblo oprimido.
Testigo de afanes apasionados.
Notario de compromisos incumplidos.

Pero ver a Morón es más complicado, dado que ofrece distintas imágenes y postales, según el lugar de dónde se le mire; así, viniendo por la carretera de Pruna, en la alborada, cuando el sol gravita sobre el Molinillo, enseñará con pesar la gravedad arruinada de su patrimonio artístico. La entrada de la Plata, procedente de Coripe y Montellano, nos enfrenta al cataclismo geológico del Calvario, que la mano del pueblo, no ha sabido aún integrar en su entorno; si lo miramos desde horizontes arahelenses, observamos al Morón esclavo de la reconversión del progreso, a través de las ruinas de aquel buque insignia de la industria cementera. Si lo contemplamos desde caminos moriscos, divisamos los barrios incipientes, que se desparraman a extramuros, luchando por conseguir la igualdad, el bienestar y la justicia social.

Pero nuestro asentamiento es tan radial, que si nos apostamos al pie de la antigua estación del ferrocarril, vislumbraremos cómo se teje el mañana ilusionado de notabilísimas industrias que apuestan por el empleo y por el progreso, que nos pueden hacer salir del olvido; olvido, que quizás sea la razón, que impida ver la silueta y la faz de Morón, cuando se le mira desde el Fontanal, al acercarse de la distante y mandataria Sevilla, que mantiene anclada y varada en el tiempo, el resurgir pujante de la ciudad.

(Juan Antonio Marín Candón)

Ubicación:

Está situada entre los ríos Guadaira y Guadalete, en el sureste de la provincia de Sevilla, a 65 km de la capital, en la zona de tránsito entre la campiña y las primeras estribaciones del sistema Penibético

Historia:

Con palpable huella del Paleolítico Medio (cerro de Santiesteban), los asentamientos en estas tierras datan del Calcolítico, como se puede ver por los restos hallados en los dólmenes de la Morona (Hoyo del Gigante), Armijo, Las Encarnaciones, etc., a los idolillos de factura ibérica encontrados el Lucurgentum, hoy inmediaciones de la Base Aérea. Quedan algunas constataciones de la época romana a través de restos arqueológicos, y también de la etapa visigoda, en forma de sarcófagos y ladrillos decorados. Durante el período romano, se convierte en un pueblo con gran número de habitantes intensamente poblado, de gran importancia. El historiador Plinio la cita con el nombre de "Arunci", La historiografía tradicional, sitúa en sus tierras la antigua ciudad de Isipo. Con varios nombres protohistóricos, a partir del siglo III de la era se la nombra Mouror (Morón), vocablo de origen semítico, cuya etimología habría de relacionarse con una colonia de La Mauritania asentada en esta plaza, con anterioridad a la invasión islámica del año 711.

En la Crónica de Alfonso X el Sabio ya se habla de Morón como ciudad bien fortificada. En 1249, la villa fue conquistada por Fernando III para el reino de Castilla, siendo entregada al concejo de Sevilla con la condición de que cuidara de su defensa, para más tarde entregarse este señorío a la Orden militar de Alcántara y posteriormente al Conde de Ureña, el cual hizo aumentar el tamaño de la villa y se reformo la iglesia y las murallas. Por esta época, el castillo sufrió una remodelación, y es modificado una vez más en 1650 por los Condes de Ureña, que hicieron de éste su residencia.

En el siglo XVI se produce un importante desarrollo, quedando la morfología urbana definida al este por la calle San Miguel, al suroeste por la calle Carrera y al sur por la calle San Francisco. En los dos siglos posteriores continúa el fuerte crecimiento urbano hacia el suroeste y hacia el norte. A comienzos del siglo XIX, la presencia de las tropas francesas finaliza con la voladura del castillo. En 1864 se inaugura el ferrocarril, permitiendo la comunicación con Utrera y con Sevilla.

El incremento de población que experimentó con los árabes hizo que la población se saliera del recinto amurallado y alcanzó su mayor apogeo durante los reinos de Taifas en el siglo XI. Morón obtiene el "título de Ciudad" en 1894.

Morón conserva en nuestros días una parte reducida de su acervo, traducido en bellas casonas, “cillas” y restaurado palacetes dieciochescos (Casa del Agua, El Polvorón, La filipenses, Cilla dela Victoria...) de valores históricos y arquitectónicos, así como de iglesias que salpican el casco antiguo, de origen medieval, predominantemente castrense, en cuyo centro se encuentran la Iglesia de San Miguel (s.XVI -XVIII).

 El crecimiento vegetativo es bajo, pero se puede pronosticar una tendencia ligera al alza en los próximos años pese a la disminución de la natalidad porque se podrá compensar con  la población resultante de la instalación de centro penitenciario a 5 km de la localidad.

Personajes ilustres:

  • Fernando de Morilla y Cáceres, contribuyó a la edición del Diccionario de la RAE.
  • Nicolás María Rivero, Presidente de las Cortes Españolas de 1869.
  • Silverio Franconetti Aguilar, Cantaor de Flamenco.
  • Ramón Auñón y Villalón, Militar y Marqués de Pilares.
  • Cristóbal Bermúdez Plata, Director del Archivo General de Indias.
  • Fernando Villalón, escritor.
  • Eduardo Muñoz, Escultor.
  • Manuel Olmedo Soriano, Diputado en Cortes en 1931.
  • Diego del Gastor, Tocaor de guitarra.
  • Francisco Martínez de Quesada, Fundador y director de la Banda Musica.
  • Julio Vélez, Escritor y poeta.
  • Alberto García Ulecia, Escritor y Poeta.
  • Juan Antonio Carrillo Salcedo, Catedrático emérito de Derecho Internacional Público, Miembro del Curatorium de la Academia de Derecho Internacional de La Haya, Antiguo Juez en el Tribunal Europeo de Derechos Humanos
Economía:

Su economía es esencialmente agropecuaria, predominando el cultivo de cereales y aceitunas. Dentro de la industria destaca especialmente la agroalimentaria, en concreto la dedicada a la producción de aceite y aderezo de aceitunas de mesa. Igualmente son importantes la industria gráfica y de fabricación de etiquetas adhesivas, así como las actividades extractivas relacionadas con la cal y el yeso.

Fiestas locales:

  • Semana Santa de Morón está considerada como de Interés Turístico Nacional.
  • Feria de Morón de la Frontera. Se celebra la tercera semana de septiembre.
  • Romería de la Virgen de Gracia la 3ª semana después de la feria.
  • Carnaval de Morón de la Frontera. Tiene lugar en el mes de febrero.
  • Festival Flamenco del Gazpacho de Morón de la Frontera. Se celebra la primera quincena de agosto.
  • Cabalgata de Reyes Magos.

Leyenda: Su Gallo, conocido mundialmente como el Gallo Morón.

Monumentos:

  • Castillo.
  • Iglesia de San Miguel.
  • Convento de Santa Clara.
  • Iglesia de San Ignacio de Loyola.
  • Iglesia de San Francisco.
  • Iglesia de Nuestra Señora de la Victoria.
  • Iglesia de la Merced.
  • Ermita de Nuestro Padre Jesús.
  • Iglesia de María Auxiliadora.
  • Paseo del Gallo.

Gastronomía

  • Tortilla de espárragos.
  • Tagarninas esparragás.
  • Conejo y perdiz estofada.
  • Aceitunas partidas.
  • Caracoles.
  • Polvorones, tocino de cielo y pestiños.

 


 

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